Primera parte. ¿Jornadas frenéticas entre compromisos y trabajo?
El encanto no pierde ni una pizca de su magnetismo con abrigos en tweed y chaquetas de bouclé, casacas de rayas y pantalones pitillo, que desde la mañana llegan impecables a aperitivos y cenas con sólo cambiar de tacones o de botas (y, por qué no, con minibolso y maxibisutería).
La romántica, esa que en el metro y en la pausa no renuncia a soñar con una novela de Jane Austen siempre en el bolso, se cuenta entre faldas plisadas longuette y blusas intangibles, de tonos maquillaje y pastel: pero será suficiente con unos vaqueros para conquistar en un instante el estilo atrevido ideal para una cita informal.
Segundo tiempo de sedas volátiles con estampados pictóricos: las nuevas bellezas de espíritu artístico desarrollan todo su savoir-faire. Entre juegos de abstracciones y relieves gráficos que, conjugados por Sisley en blusas y faldas hasta la rodilla, inspiran un look decididamente «Moma-à-porter».
Y si la tercera historia del nuevo estilo folk años setenta está siempre latente (cómplice quizá una espléndida Diane Keaton narrada entre las imágenes del recién estrenado Woody, documental sobre la vida de Mister Allen), será cuestión, entonces, de secundarlo con abrigos en tonos camello adornados con cinturones anudados y vestidos con cuello de fantasía, entre estampados ópticos a lunares y macrofloreados de tonos naïf.
¿El secreto? Elegir un tema, y no excluir ninguno. Porque un nuevo estilo, una sonrisa y una nueva inspiración están siempre a la vuelta de la esquina. Y al alcance de la mano en el armario.












