Con el deseo de unir su pasión y formación en el campo de las bellas artes, la joven creadora busca defender la singularidad de cada mujer. Por ello, SenzaParole se basa en los principios de las artes aplicadas: interpretar cual lienzo una pieza que participe de nuestra vida cotidiana.
El Alario (atelier) se encuentra en Barcelona. Pero Claudia ideó el proyecto en los que vivió y estudió en Roma. El universo SenzaParole que late en cada cazadora se nutre y toma inspiración del arte barroco, el espíritu mediterráneo, el simbolismo de la mitolología greco-romana y la arquitectura de la Città Eterna.
SenzaParole es la posibilidad de vestirse con algo que va más allá. Es custodiar una pieza de arte que resulte implacable ante el paso del tiempo o cualquier dictado externo.
El trazo definitivo a la obra se lo otorga la mujer que la viste.
Claudia Soler
Claudia Soler Coll nació en Barcelona en 1994, aunque lo cierto es que ha crecido profundamente conectada a la cultura italiana: “SenzaParole es la síntesis de la lucha más bonita y difícil de mi vida hasta la fecha. Mi respuesta a todos los "no" que me he encontrado por el camino. Mi certeza de que trabajar y vivir apasionadamente puede absolutamente con todo”
En su caso (literalmente) todos los caminos llevaban a Roma. Hace 10 años que su vida se divide entre la città eterna y la ciudad condal, por eso puede decir que es una española que ha crecido como una romana.
Empezó a formarse en el ámbito de las Artes Aplicadas, con 18 años, junto a la arquitecta y artista multidisciplinar Patricia Mz Lloreda.
Lo hizo paralelamente a sus estudios universitarios y “ya por ese entonces, las heridas y el dolor que esta maravillosa aventura que se llama vida, me sirvieron como fuente de búsqueda y como motor para encontrar en mí un mensaje de amor que lanzar al mundo”.










