La patronal europea del textil y la confección EURATEX se suma al SOS de la industria a la UE: “Sin industria fuerte no hay Europa fuerte”

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La patronal europea del textil y la confección EURATEX se suma al SOS de la industria a la UE: “Sin industria fuerte no hay Europa fuerte”
● La industria europea no pide protección frente al cambio, sino las condiciones necesarias para liderarlo.

● La Declaración de Amberes exige medidas industriales de emergencia ante la crisis de competitividad.

● Energía, comercio justo y mercado único: las tres claves para salvar el tejido productivo europeo.

13 de febrero de 2026

La patronal europea del textil y la confección EURATEX se suma al SOS de la industria a la UE: “Sin industria fuerte no hay Europa fuerte”

En un momento descrito como “uno de los más exigentes de la historia europea reciente”, la industria del continente ha elevado el tono de su mensaje a los líderes de la Unión Europea. Bajo el paraguas de la llamada Declaración de Amberes y, más recientemente, del documento titulado Antwerp Call to Alden Biesen, representantes del sector industrial —entre ellos EURATEX, la patronal europea del textil y la confección— reclaman medidas urgentes y extraordinarias para evitar un deterioro irreversible de la competitividad europea.

El llamamiento fue presentado el 11 de febrero de 2026 durante la Cumbre Industrial Europea celebrada en Amberes y dirigido formalmente a los miembros del Consejo Europeo reunidos en Alden Biesen para debatir sobre competitividad. El mensaje es claro y directo: “No existe una Europa resiliente, segura y fuerte sin una industria europea fuerte”.

Un contexto crítico: costes elevados, competencia global y riesgo de desindustrialización

El documento parte de un diagnóstico contundente. La industria europea afronta una combinación de choques geopolíticos, elevados costes energéticos y regulatorios, fragmentación del mercado interior y competencia internacional agresiva. Lejos de tratarse de una crisis coyuntural, los firmantes advierten de un cambio estructural permanente: “La nostalgia no resolverá nuestros problemas ni nuestras dependencias estructurales. La competencia global es despiadada”.

Las pequeñas y medianas empresas —columna vertebral del tejido industrial europeo— atraviesan dificultades crecientes. Al mismo tiempo, las grandes multinacionales que deben decidir hoy dónde invertir de cara a 2030 consideran, en muchos casos, que Europa se ha convertido en un destino poco atractivo para nuevas inversiones.

Entre los principales obstáculos señalados figuran:

  • Precios de la electricidad persistentemente más altos que en países competidores.

  • Costes del carbono exclusivos de Europa, diseñados para incrementarse progresivamente año tras año.

  • Prácticas comerciales desleales en el mercado global.

  • Cierre acelerado de plantas industriales y pérdida de empleo en sectores estratégicos.

El informe de seguimiento de la Declaración de Amberes resulta especialmente alarmante: aproximadamente el 83 % de los indicadores clave de rendimiento (KPI) monitorizados en la UE no han mostrado mejoras significativas . En paralelo, China planea añadir a su economía, en la próxima década, un nuevo sector tecnológico de alta gama equivalente en tamaño a uno completo ya existente, al tiempo que acelera la descarbonización industrial. Estados Unidos, por su parte, aplica una estrategia industrial decidida, combinada con medidas comerciales ambiciosas para revitalizar su manufactura.

Frente a este panorama, la industria europea sostiene que el resultado no es inevitable, pero sí depende de decisiones inmediatas y valientes por parte de los líderes comunitarios.

De los diagnósticos a los resultados: tres ejes para una política industrial de emergencia

Uno de los reproches implícitos del documento es la falta de implementación efectiva de informes estratégicos como el conocido Informe Draghi o el Informe Letta sobre el Mercado Único, que ya advertían de la fragmentación interna como obstáculo principal para la competitividad. Para los firmantes, el tiempo del análisis ha terminado: “Debemos pasar del diagnóstico a la ejecución, y de los planes a los resultados”.

El llamamiento exige que la reunión del Consejo Europeo en Alden Biesen marque un punto de inflexión histórico: el momento en que la Unión transforme la ambición en acción concreta y adopte un paquete de Medidas Industriales de Emergencia con efectos visibles en 2026.

Las propuestas se articulan en tres grandes áreas estratégicas:

1. Reducir los costes de energía y carbono

La industria denuncia que los costes energéticos en Europa son “simplemente demasiado altos para competir”, no solo por el precio de las materias primas, sino también por cargas regulatorias añadidas . Reclama medidas que alivien estos costes sin comprometer los objetivos climáticos, apostando por la innovación y nuevas inversiones que permitan reducir emisiones sin expulsar producción fuera del continente.

2. Garantizar un comercio global justo y mejorar el acceso a la financiación

La industria solicita que los acuerdos comerciales aseguren suministros estratégicos, faciliten el acceso a nuevos mercados e impulsen las exportaciones europeas. Asimismo, pide utilizar todos los instrumentos disponibles frente a la competencia desleal, incluida la protección contra la fuga de carbono (carbon leakage), para garantizar igualdad de condiciones tanto en el mercado interno como en el internacional .

3. Fomentar el consumo de productos fabricados en Europa

Bajo el lema “Sentirse orgulloso de comprar productos hechos en Europa”, el documento propone impulsar la contratación pública y las iniciativas privadas alineadas con criterios europeos, así como empoderar a consumidores y empresas para elegir productos net-zero y circulares. La transparencia en la huella ambiental y de carbono se plantea como herramienta para respaldar empleos de alta calidad en territorio europeo .

Un momento decisivo para el futuro industrial europeo

La industria recuerda que, durante la crisis de la COVID-19, la UE demostró capacidad para adoptar medidas excepcionales que previamente parecían imposibles. Ahora exige el mismo nivel de liderazgo y determinación para afrontar la crisis de competitividad industrial.

La reunión de Alden Biesen, sostienen los firmantes, debería pasar a la historia como el momento en que la Unión Europea:

  • Redujo los costes energéticos y de carbono.

  • Impulsó la innovación para disminuir emisiones.

  • Generó demanda para productos limpios.

  • Restableció condiciones atractivas para la inversión privada.

  • Revitalizó un Mercado Único verdaderamente funcional.

  • Transformó el comercio en motor de crecimiento y empleo de calidad, en lugar de fuente de vulnerabilidad.

El mensaje final es inequívoco: la industria europea no pide protección frente al cambio, sino las condiciones necesarias para liderarlo. En un entorno geoeconómico cada vez más competitivo, el futuro del proyecto europeo está íntimamente ligado a la fortaleza de su base industrial.

Si los líderes comunitarios responden con rapidez y coherencia, 2026 podría convertirse en el año de la recuperación industrial europea. Si no, advierten los firmantes, el riesgo de desindustrialización acelerada será cada vez más difícil de revertir.

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