La Unión Europea ha dado este febrero de 2026 un paso decisivo en la transformación ecológica de su industria textil con la adopción de nuevas normas que prohíben la destrucción de ropa, calzado y productos textiles no vendidos, en el marco del Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR, por sus siglas en inglés).
Este cambio normativo representa una clara apuesta por la economía circular y la responsabilidad de ciclo de vida de los productos, y tiene previsto aplicarse a las grandes empresas a partir de julio de 2026, extendiéndose gradualmente a las empresas medianas hasta 2030.
Un giro estructural en la industria textil europea
Durante décadas, la destrucción de productos textiles sin vender ha sido una práctica habitual en la industria de la moda y el calzado, especialmente en temporadas de exceso de stock o de retornos de productos. Esta práctica no solo generaba significativos residuos materiales, sino también un enorme impacto ambiental y emisiones de gases de efecto invernadero, que la nueva regulación pretende mitigar.
La prohibición impulsada por la Comisión Europea fue adoptada bajo el paraguas de una estrategia más amplia para consolidar la economía circular en Europa, dentro del marco del Green Deal y de la Estrategia Europea para Textiles Sostenibles y Circulares. El objetivo no es simplemente evitar la destrucción gratuita de productos, sino estimular la reutilización, la reparación, el reciclaje y la gestión responsable de inventarios por parte de fabricantes, distribuidores y marcas.
Territorios textiles: de la producción a la circularidad local
Para ACTE (European Textile Clusters Association), la prohibición no es solo un cambio regulatorio sino una oportunidad estratégica para los territorios textiles europeos, muchos de los cuales están representados en esta organización.
Según líderes de ACTE, municipios y regiones con tradición en la industria textil —desde áreas históricas de producción hasta clusters modernos de innovación— están en una posición privilegiada para impulsar infraestructuras locales de economía circular que respondan a las nuevas exigencias normativas.
Las autoridades locales y los ecosistemas empresariales regionales tienen ahora la oportunidad de:
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Desarrollar sistemas de prevención y gestión de residuos textiles.
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Apoyar a las pequeñas y medianas empresas (PYMES) y diseñadores en su adaptación a la nueva normativa.
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Transformar instalaciones industriales heredadas en hubs de innovación y reciclaje.
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Fomentar la cooperación entre administraciones, clusters y compañías para co-crear soluciones sostenibles.
Este enfoque sitúa los territorios textiles como protagonistas de la transición ecológica, promoviendo modelos de desarrollo donde la sostenibilidad no es una obligación, sino un elemento integrador de competitividad, cohesión social y territorial.
Hacia un futuro textil más circular y responsable
Para ACTE, la prohibición de destruir textiles no vendidos no debe interpretarse solamente como una medida de cumplimiento, sino como un cambio conceptual sobre cómo se valora y usa un producto.
La lógica de la normativa pone en el centro tres pilares fundamentales:
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Preservar el valor de los recursos materiales.
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Optimizar el uso de materias primas y su trazabilidad.
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Empoderar a los territorios para liderar soluciones innovadoras que combinen sostenibilidad medioambiental con desarrollo económico local.
Con estas nuevas reglas, la UE no solo busca reducir residuos y emisiones vinculados al sector textil —que cada año genera millones de toneladas de CO₂— sino promover una industria más resiliente, transparente y circular en beneficio de consumidores, productores y comunidades.










