La patronal italiana del calzado estuvo representada por su vicepresidente, Arturo Venanzi, que explicó que «la industria del calzado de moda genera una facturación de más de 7 mil millones de euros al año (según datos del 2012 ), emplea a más de 78.000 personas y contribuye a la balanza comercial de Italia con un superávit comercial de 3,8 mil millones más de euros al año. La nuestra es una industria dinámica que opera en todos los mercados y que exporta el 84% de su valor de producción».
Según Venanzi, «en este contexto, las marcas italianas de calzado están luchando una batalla desigual contra la falsificación, tanto en el mercado nacional como en los países emergentes. La falsificación hace perder 20.000 puestos de trabajo al año en Italia, y si tenemos en cuenta el mercado global e Internet, la situación se complica aún más».
El vicepresidente de Assocalzaturifici explica que «los falsificadores tratan de inducir a los consumidores a creer que el producto de una marca es auténtica mediante el uso del término ‘Made in Italy’ y otras expresiones que suenan a italianos». Venanzi señala al respecto que «por esta razón, es muy importante que las autoridades europeas adopten instrumentos eficaces de vigilancia del mercado y tengan una profunda influencia en las negociaciones bilaterales. Sin embargo, también es esencial introducir herramientas de seguimiento válidos para el mercado interior europeo. El paquete legislativo de la Comisión Europea sobre la seguridad de los productos y vigilancia del mercado es un paso importante para estandarizar las reglas de toda Europa. El artículo 7, sobre la obligatoriedad de indicar el país de origen es, por lo tanto, doblemente importante. Lo es para los consumidores, ya que proporciona información que puede guiarlos en sus decisiones de compra, junto con otros elementos previstos por la ley. Y es importante también ampliar la normativa para las ventas online.»










