En constante evolución, Chaumet elige el 2026 para rendir homenaje a otra faceta de la narrativa única que ha estado forjando con la naturaleza durante casi 250 años. Impregnado con un sentido de libertad y grandeza, símbolos de autoafirmación y emancipación, los nuevos diseños han sido inspirados por un emblemático tema, siguiendo las creaciones de 1870, del triunfo de la Belle Époque, desde de Les Ciels de Chaumet en 2019 y Un Air de Chaumet en 2024.
Envol, la nueva colección cápsula de Alta Joyería, invita a alcanzar nuevas cotas.
Responde a la llamada del cielo azul y descubrir nueve majestuosas alas en el icónico azul y magnificado por el intenso esmaltado Grand Feu y zafiros en profundo azul medianoche. Adoptando versatilidad, estas maravillas del savoir-faire muestran una multitud de proezas técnicas para ofrecer múltiples formas de llevarlas, perpetuando así una larga tradición muy apreciada por la Maison.
Alas, alas eternas
Nombrados “joyeros oficiales de la Emperatriz” Marie-Etienne Nitot, fundador de la Maison, y su hijo François-Regnault compartían la fascinación de Josefina por la ornitología. Apasionada amante de la naturaleza, Josefina transformó el Château de Malmaison en un auténtico santuario de aves, que albergaba más de 150 especies. Esta atrevida iniciativa da testimonio de una visión vanguardista para su época. Si bien en la antigüedad, las aves representaban la divinidad y la libertad, esta tradición adquirió una nueva dimensión bajo el Imperio.
Al establecer el águila como emblema de su reinado, Napoleón I convirtió las alas en símbolos de poder y grandeza. Chaumet, como digno heredero, convirtió así las alas en la encarnación misma de la fusión entre poder y elegancia. Desde principios del siglo XIX, los archivos de Chaumet revelan este legado a través de representaciones en gouache de tiaras de estilo neoclásico, en las que delicadas alas se despliegan alrededor de un diamante central. La perspectiva naturalista que Chaumet aportó a las figuras con alas ha seguido progresando desde entonces.
Cuando el pájaro, el cual la Maison ha reinterpretado y reimaginado desde 1810, no es el elemento central de la joya, las alas actúan como una alegoría de ello. Ricas en simbolismo, aparecieron por primera vez en Chaumet en torno a 1870 y llegaron a su apogeo durante la Belle Époque.
En 1906, la Emperatriz Eugenia escogió la versión en diamante para la Princesa Victoria Eugenia, su ahijada, quien contrajo matrimonio con el Rey Alfonso XIII de España ese mismo año. Gertrude Payne Whitney, una escultora, alumna de Auguste Rodin, y la encargada detrás de la fundación del Museo Whitney de Arte Americano, se enamoró, unos años más tarde, de un par de alas con un esmalte azul translucido – hoy en día, una de las piezas más más espectaculares de las colecciones patrimoniales de Chaumet. Las adquirió en Londres en mayo de 1910. Icono de la moda involucrado en la financiación de la revista Vogue y socialité con un estilo reconocido, la heredera Vanderbilt llevaba este par de alas, ricamente adornadas con miles de diamantes y esmalte translúcido como una tiara, inicialmente montada en un marco.
La creativa colección de Alta Joyería está inspirada directamente por todo ello, demostrando como la Maison reinterpreta continuamente sus motivos más destacados a lo largo del tiempo.
Con Envol, la Maison también presenta su primea colección hecha enteramente en esmalte, dando una nueva vida a una técnica que ha sido un sello distintivo de su historia durante 250 años.
El arte de la ornamentación
Con la posibilidad de lucirse de cuatro maneras diferentes, esta tiara aigrette es una proeza técnica ejemplar que, como resultado de 850 horas de trabajo, ilustra la excelencia del saber hacer joyero de los artesanos del 12 Vendôme. En su tradicional forma de tiara, puede alternar entre un estilo más extravagante y otro más discreto. Luce con orgullo sus alas de esmalte Grand Feu, que brillan con un pavé de diamantes en talla brillante, o, por el contrario, se adorna simplemente en su centro con un zafiro de Madagascar de 3,92 quilates en talla pera, descansando sobre una línea simple que evoca la forma en V de la aigrette.
También puede convertirse de forma inesperada y atrevida en una máscara, enmarcando el rostro con grandeza y misterio. Separadas de su estructura, también pueden fijarse individualmente como broches.
Para celebrar esta extraordinaria pieza, la Maison ha creado un estuche personalizado en colaboración con el renombrado taller de plumas Maison Vermeulen, desarrollando la metáfora de las alas con un toque adicional de refinamiento y poesía.
Una oda a la transformación
Con su degradado de azules fuertemente contrastado, magistralmente compuesto en esmalte Grand Feu, el collar de oro blanco con pavé de diamantes adornado con un zafiro de Madagascar de 10,96 quilates en talla cojín también se puede llevar de múltiples maneras, y requirió más de 650 horas de trabajo para crearlo. En su forma más pura, solo queda la línea de diamantes, destacando la forma en V que hace referencia a la emblemática aigrette de la Maison. Este motivo versátil también puede transformarse en un broche, con o sin piedra central, gracias a dos cierres ocultos que permiten fijar el zafiro.
El tiempo se detiene
Jugando con la funcionalidad, el reloj se convierte tanto en una joya preciosa como en una pieza de coleccionista. Chaumet presenta un reloj en miniatura tan delicado como versátil, diseñado para colocarlo en la mesita de noche o llevarlo colgado al cuello como un colgante, al igual que muchos de los relojes colgantes creados por la Maison a lo largo de los años. Imbuidas de redondez y movimiento, las alas que componen el reloj —en esmalte Grand Feu, oro blanco y diamantes— parecen plegarse sobre sí mismas, ocultando un sistema de apertura de la cubierta que revela la hora de forma ingeniosa y poética en una esfera de sodalita.
Una expresión de fantasía
Varios pares de pendientes igualmente versátiles iluminan el rostro con el característico azul, multiplicando los estilos y las formas en que se pueden llevar. El primer par, teatral y majestuoso, se puede llevar de dos maneras: en su forma más sencilla o para conseguir un efecto más dramático y llamativo.
El segundo par, igualmente sofisticado, compuesto por dos zafiros ovalados de Madagascar de 3,84 y 3,55 quilates cada uno, representa un diálogo entre la modernidad y el espíritu de la Alta Costura. Uno de los pendientes puede realzarse aún más con un impresionante ear cuff. A juego o desparejados, con o sin piedras centrales, este par asimétrico invita a una multitud de opciones de estilo contemporáneo, lo que permite a quien los lleva expresar su estilo único.
Una invitación a jugar
Para dar rienda suelta a la imaginación, dos anillos pueden llevarse de múltiples maneras. El primero, con forma de bola, revela sus diferentes versiones a voluntad. Bajo su cubierta extraíble, se pueden llevar dos anillos anidados de forma individual: uno adornado con motivos de alas en esmalte Grand Feu y pavé de diamantes; el otro, un zafiro de Ceilán de 6,28 quilates en talla cojín montado sobre una banda con pavé de diamantes.
El segundo anillo se compone de dos partes extraíbles, diseñadas para llevarse por separado o, por el contrario, para encajar perfectamente entre sí. Por un lado, un solitario con un zafiro de Madagascar en forma de pera de 3,61 quilates, en un engaste de medio halo que crea una ilusión óptica; por otro, el anillo presenta un diseño más envolvente, cuyas alas de esmalte Grand Feu cubren con elegancia el dedo.
Ya sea solos o en pareja, destacan por su aspecto distintivo, similar a un tocado, que recuerda sutilmente al anillo tiara, sello distintivo de la Maison, que se puede llevar de tres formas atrevidas.
El arte del movimiento
Dos broches, diseñados para ella y para él, adaptándose a cualquier personalidad y poder ser llevados como uno único. Bordeado de diamantes, la primera ala se despliega majestuosamente a través de un degradé de esmalte Grand Feu de azul intenso a azul cielo. En el segundo, las alas parecen curvarse sobre sí mismas en un delicado movimiento que recuerda el diseño del reloj joya. Para aportar un toque extra de sofisticación, también se le puede añadir un zafiro de Madagascar de 4,39 quilates, talla cojín, o colgarlo de un collar con un motivo de oro blanco y diamantes.













