Alessandro Benetton presenta su libro ‘AB. A Playlife Story’, el relato paralelo de un empresario y de una marca que nace de una historia auténtica

 Tiempo de lectura: 3 minutos

Para Alessandro Benetton el estilo es realmente el rasgo distintivo de cada uno en todo lo que se hace: en la vida y el trabajo, en las pasiones y los afectos.

23 de abril de 2013

El libro AB. A
Playlife Story
presenta la identidad de su estilo mediante la
exposición de momentos importantes de su vida –la infancia, los años en Boston,
la actividad empresarial, el deporte, los viajes, la familia– que han contribuido
a su formación. Un estilo personal y cosmopolita que se refleja en Playlife, la cadena de tiendas de
Benetton Group (del que Alessandro Benetton es Presidente) que es un verdadero
contenedor de otras marcas, contaminaciones culturales, productos y objetos que
nos acompañan diariamente. Porque –como recuerda en las primeras páginas– “el
mundo Playlife –estilo, objetos, experiencias, recuerdos, símbolos, pasiones–
es también mi mundo”.

El volumen es un
recorrido paralelo entre las palabras de Alessandro Benetton, recogidas por la
periodista Paola Pollo, y una serie de imágenes, entre álbumes de familia y
diarios escolares, del pasado y del presente. Una narración inédita y sincera
cuyo hilo conductor es la autonomía de pensamiento y acción de Alessandro
Benetton, su fidelidad a ciertos valores pero, al mismo tiempo, la capacidad de
abrir la mente y mirar al futuro: de las raíces trevisanas a la formación en
los Estados Unidos, de la aventura triunfal en Fórmula 1 a la fundación de 21
Investimenti, realizada en el nombre de la “pasión por el desarrollo de las empresas”,
hasta la responsabilidad actual en la dirección de Benetton Group.

Una historia apasionante donde también juegan un
papel fundamental el deporte (una auténtica pasión por la competición leal y el
respeto de las reglas), el amor por el arte contemporáneo (que sorprende y abre
nuevos horizontes), los valores de la familia y del hogar y la adhesión a
diseños y objetos imperecederos. Con este volumen Alessandro Benetton, hombre y
empresario, se hace imagen de una marca, Playlife, que proviene de una historia
auténtica. E intérprete de un estilo que nace de una idea sugestiva de
autenticidad y belleza.

La recaudación de la venta del libro se destinará a sostener la Unhate Foundation.

AB. A Playlife Story

Mondadori
Electa, Milán

Textos
de Paola Pollo

Book
design de Studio FM

AB. A Playlife Story


DE SU PUÑO Y LETRA: ALESSANDRO
BENETTON

El propio Alessandro cuenta que «me crié en el noreste de Italia, en el campo,
cerca de Treviso. Las imágenes de mi infancia están ligadas a esos lugares que
exploré de pequeño desde el sillín de mi bici. Entre esas imágenes, naturalmente,
está la empresa familiar. Benetton se fundó un año después de que yo naciera:
se podría decir entonces que somos coetáneos, que crecimos juntos, aunque con
trayectorias independientes y paralelas.

Una auténtica revolución en mi vida de adolescente fue conocer, en
el tercer año de instituto, a mi profesor de filosofía: un hombre
extraordinario, escalador de glaciares, que me enseñó la importancia del
estudio, sobre todo como modo de descubrirse a sí mismo.

Al terminar el bachillerato, me marché a Boston, donde me licencié
en 1987. Aquella fue sin duda una de las épocas más electrizantes de mi vida. Las clases, la vida en el campus, los viajes
a la América profunda: allí fue donde me hice adulto.

En 1992 fundé 21
Investimenti
, mi primera experiencia empresarial, y también la más
importante. Con ella aprendí la belleza del oficio de emprendedor, un oficio
que es, ante todo, una forma de ser, de afirmar la libertad individual, de
mantenerse fiel a sí mismo.

Hoy soy Presidente de Benetton
Group
y de Fabrica. Me apasiona el
deporte, pero también el arte contemporáneo y la lectura. Estoy casado con
Deborah y tengo tres hijos, Agnese, Tobias y Luce. Cuando no estoy trabajando,
paso con ellos la mayor parte del tiempo.

Mi blog www.alessandrobenetton.it
constituye un punto de encuentro entre mis intereses personales y
profesionales, así como la ocasión para compartirlos con quien quiera
conocerlos directamente. Lo he llamado “Each time a man” (“Cada vez que un
hombre”), como decía el famoso discurso que Robert Kennedy pronunció en la
Universidad de Ciudad del Cabo dos años antes de ser asesinado. Un discurso que
siempre me ha hecho reflexionar sobre el valor de la individualidad, y cómo en
cualquier situación, por muy difícil y compleja que esta sea, cada uno de
nosotros tiene siempre el privilegio de marcar la diferencia, de introducir un
elemento de imprevisibilidad en el orden de las cosas. Eso es, creo yo, lo que
nos hace libres».

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