Aitex y Aimplas desarrollan un biocomposite a partir de soja y fibras naturales con el que fabricarán unas palas para microeólica

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Los dos centros tecnológicos trabajan en BIOAVANT, un proyecto financiado por IVACE y Fondos Feder para desarrollar un nuevo material que reduce la presencia del petróleo a un 60% gracias a aceite de soja y fibras de lino, cáñamo y yute como alternativa a la fibra de vidrio. El nuevo biocomposite es resistente a la corrosión y un 40% más ligero, por eso es idóneo para su aplicación en sectores como el de las energías renovables, la industria naval, la construcción, el mobiliario urbano, el transporte o el deporte y el ocio.

18 de febrero de 2013

El Instituto Tecnológico del Plástico (AIMPLAS) y el
Instituto Tecnológico Textil (AITEX) acaban de completar el primer año de los
tres que durará BIOAVANT, un proyecto financiado por el Instituto Valenciano de
Competitividad Empresarial (IVACE) y la Unión Europea cuyo objetivo es
desarrollar una nueva generación de biocomposites avanzados a partir de bioresinas
y fibras naturales. El innovador material sustituye un porcentaje muy
importante de su contenido en petróleo por aceites naturales y la fibra de
vidrio por fibras naturales, además, es mucho más ligero que los composites
tradicionales, más económico, sostenible medioambientalmente y resistente a la
corrosión. Con él se fabricarán las palas para un generador de microeólica más
respetuoso con el medio ambiente.

BIOAVANT es un proyecto coordinado por AIMPLAS que
finaliza en diciembre de 2014 y gracias al cual se va a desarrollar un novedoso
biocomposite a partir de aceite de soja y reforzado con fibras naturales de
lino, cáñamo y yute. En el caso de la bioresina, que incluye en su composición
aceite de soja, se pretende sustituir con ella un porcentaje muy importante del
petróleo que habitualmente se emplea en los composites convencionales.
Concretamente se espera reducir su presencia en la composición a un 60% ó 70%.

Más ligero y resistente a la corrosión

En el caso de las fibras naturales, su incorporación
al nuevo material es muy importante porque no solo consiguen aligerar el peso
del composite resultante entre un 30% y un 40%, sino que además sustituyen por
fibras naturales un material como la fibra de vidrio, que durante su
manipulación puede producir irritaciones y otros efectos sobre la salud de las
personas y el medio ambiente. Además, según explica Sergio Fita, investigador
implicado en el proyecto, “uno de los aspectos más importantes de la producción de las
fibras naturales cuando se las compara con la fibra de vidrio es que el consumo
energético necesario para su producción es menor, con las consecuentes ventajas
que eso implica también para el medio ambiente”.

Otra de las ventajas del nuevo biocomposite es su
resistencia a la corrosión, y el hecho de que esté producido a partir de
materiales procedentes de fuentes renovables. A esto hay que añadir unas buenas
propiedades mecánicas y de aislamiento acústico y térmico, así como un menor
coste de producción de las fibras naturales. Según Sagrario Gironés,
investigadora del proyecto, “la utilización de polímeros de origen natural en
la fabricación de composites presenta ventajas destacables frente a los
polímeros procedentes del petróleo, ya que por una parte los combustibles
fósiles no se encuentran todavía en niveles críticos pero no se están renovando
y se estima que quedan entre 1-1,5×107 t que se pueden acabar en unos 40 años
al ritmo en que se están consumiendo. Además, por otra parte los polímeros
petroquímicos presentan un elevado precio, debido a los conflictos en los
países productores de petróleo y a la demanda global. Por ello los nuevos
biocomposites presentan un impacto ambiental menor y a un coste más
competitivo”.

Estas ventajas y propiedades hacen del nuevo
biocomposite un material apropiado para ser utilizado en sectores como la
industria naval, el transporte público, la automoción, construcción, el
mobiliario urbano, el ocio y el deporte, e incluso el de las energías
renovables. Precisamente, entre los objetivos del proyecto figura la
fabricación de las palas de un demostrador de energía microeólica utilizando
exclusivamente el nuevo material, de forma que el generador tendría una doble
vertiente sostenible: la de la energía producida y la del material empleado
para su construcción. 

AITEX:

El Instituto Tecnológico Textil es una
asociación de carácter privado sin ánimo de lucro, integrada por empresas
textiles y afines, cuyo objetivo principal es mejorar la competitividad del
sector. Por este motivo, desde el Instituto se fomenta la modernización y la
introducción de las tecnologías emergentes y nuevas mediante la realización de
proyectos de I+D y, en general, de actuaciones que contribuyen al progreso
industrial del sector. Está
inscrito con el nº 36 en el Registro de Centros de Innovación y Tecnología y
con el nº 115 en el Registro de Oficina de Transferencia de Resultados de
Investigación (OTRI). Pertenece a la Federación Española de Entidades de
Innovación y Tecnología (FEDIT) y a la Red de Institutos Tecnológicos de la
Comunidad Valenciana (REDIT) y a numerosas entidades nacionales e
internacionales.

AIMPLAS:

El Instituto Tecnológico del Plástico es un Centro de Innovación y Tecnología (CIT) reconocido por la Comisión
Interministerial de Ciencia y Tecnología y está ubicado en Valencia (España).

Nace en 1990 como asociación de investigación sin
ánimo de lucro de ámbito nacional e internacional y pertenece a la Red de
Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana (REDIT) y a la Federación
Española de Institutos Tecnológicos (FEDIT). Además, es miembro activo de otras
redes tecnológicas como SUSCOMPNET, EuCIA, AESICOM, IBEROCIT y FEDIT.

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